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Muy buenas tajitoadictos, tras unas largas vacaciones de verano nos complacemos en presentaros el resurgir del único Ave Fénix de color blanco y verde existente a parte de nuestra amada Andalucía, si El Tajito regresa y con más fuerza que nunca con un articulo publicado por Er Peludo. De aquí en adelante y hasta el próximo Junio esperamos que el ritmo no decaiga, tanto por parte de los que gestionamos este blog como por parte de todos los que colaboráis. Juntos hacemos un tajito grande y libre. Gracias.
6 mar 2010
invierno largamente esperado
INVIERNO LARGAMENTE ESPERADO.
Inesperadamente
ha llovido
sobre esta árida ciudad
de cortos vuelos,
de mediocres esperanzas,
de odios disfrazados de saludos.
Durante muchos días,
durante muchas noches
un agua bautismal
blanca y fría
se ha dejado caer
sobre azoteas,
sobre asfaltos y adoquines,
sobre marismas resecas,
sobre heróicos brotes de verdor ceniciento
anclados en pardos muros de salinas.
Eran aguas celestiales
largas como un rosario de adagios
que convertían en dilatada orquesta
calles, caminos,
terrazas y balcones.
Aguas celestiales
emocionadamente recibidas
por árboles y arbustos
prisioneros de parques y de alcorques
(ridículos remedos
de tierra en libertad.)
Guardad silencio mientras llueve.
Silencio.
Que nadie se atreva a interrumpir
Este coito de amor
Del agua con la tierra.
Silencio.
Que el gran prodigio
de inesperados arroyos,
de nuevos barrizales,
tierras anegadas
y alborotadas torrenteras
está ya elaborando
vida nueva y nuevas primaveras.
Y tú, humano
que anteayer morabas
en los árboles
de interminables bosques
y hoy vives
bloqueado en el cemento
y en un aire gris recalentado y agrio,
tú, que aplicas
sin pensartelo dos veces
la sierra chirriante
al corazón y las entrañas
de tus hermanos
de tronco antiguo
y savia siempre renovada,
tú que a sus raices
le deniegas
una gota del agua que ya usaste,
y te indignas
porque en su ansia de crecer
para ofrecerte mayor frescor y sombra
levantó un par de losas
de tu prosaica acera,
tú, hombre,
pedacito, no más, del universo
mira cómo las aguas de las lluvias
hacen brotar hojitas verdes
y humildes hierbecitas
en los más insospechados recovecos
y rendijas de tus calles y tus techos.
Observa ese milagro
y aprende a contemplar
la constancia infinita de la vida
y el imparable avance de su amor
a la existencia.
Y pierde de una vez por todas
El gusto enfermizo de lo urbano
Y el miedo pueril a lo salvaje.
Inesperadamente
ha llovido
sobre esta árida ciudad
de cortos vuelos,
de mediocres esperanzas,
de odios disfrazados de saludos.
Durante muchos días,
durante muchas noches
un agua bautismal
blanca y fría
se ha dejado caer
sobre azoteas,
sobre asfaltos y adoquines,
sobre marismas resecas,
sobre heróicos brotes de verdor ceniciento
anclados en pardos muros de salinas.
Eran aguas celestiales
largas como un rosario de adagios
que convertían en dilatada orquesta
calles, caminos,
terrazas y balcones.
Aguas celestiales
emocionadamente recibidas
por árboles y arbustos
prisioneros de parques y de alcorques
(ridículos remedos
de tierra en libertad.)
Guardad silencio mientras llueve.
Silencio.
Que nadie se atreva a interrumpir
Este coito de amor
Del agua con la tierra.
Silencio.
Que el gran prodigio
de inesperados arroyos,
de nuevos barrizales,
tierras anegadas
y alborotadas torrenteras
está ya elaborando
vida nueva y nuevas primaveras.
Y tú, humano
que anteayer morabas
en los árboles
de interminables bosques
y hoy vives
bloqueado en el cemento
y en un aire gris recalentado y agrio,
tú, que aplicas
sin pensartelo dos veces
la sierra chirriante
al corazón y las entrañas
de tus hermanos
de tronco antiguo
y savia siempre renovada,
tú que a sus raices
le deniegas
una gota del agua que ya usaste,
y te indignas
porque en su ansia de crecer
para ofrecerte mayor frescor y sombra
levantó un par de losas
de tu prosaica acera,
tú, hombre,
pedacito, no más, del universo
mira cómo las aguas de las lluvias
hacen brotar hojitas verdes
y humildes hierbecitas
en los más insospechados recovecos
y rendijas de tus calles y tus techos.
Observa ese milagro
y aprende a contemplar
la constancia infinita de la vida
y el imparable avance de su amor
a la existencia.
Y pierde de una vez por todas
El gusto enfermizo de lo urbano
Y el miedo pueril a lo salvaje.
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